La plataforma «Argelia Ahora», en un artículo publicado el martes 3 de noviembre de 2026 titulado «Un diplomático argelino desmantela los actos de la farsa marroquí», optó por basarse en las declaraciones del exembajador argelino Amar Belani para presentar una lectura escéptica de la postura marroquí tras el fin del mandato de la misión de la MINURSO. El artículo no se limitó a debatir los acontecimientos de la ONU, sino que llegó a cuestionar la institución monárquica y a poner en duda el papel del Parlamento marroquí, en un discurso cuyo objetivo político parece ser restar importancia a las transformaciones diplomáticas en las que se apoya Marruecos, retratando el consenso institucional sobre la cuestión del Sáhara como una mera movilización formal.
Sin embargo, recurrir a los documentos oficiales revela un fallo fundamental en este planteamiento. El 30 de octubre de 2026, el Consejo de Seguridad no logró prorrogar el mandato de la MINURSO, tras la objeción de Rusia al proyecto de resolución estadounidense y el fracaso del proyecto alternativo ruso para obtener los votos necesarios. Un comunicado del Gabinete Real marroquí confirmó este hecho, considerándolo un paso importante hacia el cierre definitivo del expediente en el seno de las Naciones Unidas, sin pretender que el rey Mohamed VI haya tomado la decisión de poner fin a la misión ni que el Consejo de Seguridad haya ejecutado su voluntad, como intentó sugerir el artículo argelino. La diferencia es clara entre anunciar una postura soberana ante un acontecimiento internacional y pretender poseer la autoridad de toma de decisiones dentro de una institución de la ONU.
Aún más importante es que la resolución de la ONU número 2797, adoptada el 31 de octubre de 2025, estipuló expresamente que la iniciativa marroquí de autonomía debe servir de base para las negociaciones, considerando dicha autonomía real como una de las soluciones más viables dentro del marco de una solución política negociada que garantice la autodeterminación. Este es un hecho comprobado en un documento oficial emitido por el Consejo de Seguridad, que no puede ser anulado por un artículo de prensa o una lectura diplomática contraria. Asimismo, la conclusión de una misión de la ONU que duró treinta y cinco años representa una transformación institucional tangible, independientemente de cómo las distintas partes interpreten sus resultados políticos.
Por otro lado, el intento de retratar la reunión conjunta de ambas cámaras del Parlamento marroquí el 2 de noviembre de 2026 como una farsa política pasa por alto la distinción entre competencia legal y función política. El Parlamento no posee la prerrogativa de prorrogar o poner fin a una misión de la ONU, pero sí tiene el derecho de debatir las cuestiones nacionales y acompañar las orientaciones del Estado mediante la legislación, el control y la diplomacia parlamentaria. No es lógico negar el valor de las instituciones legislativas simplemente porque no controlan las decisiones del Consejo de Seguridad, un criterio que no se aplica a ningún parlamento del mundo.
Es justo reconocer que el fin de la MINURSO no significa legalmente la desaparición de la cuestión del sistema de las Naciones Unidas, ya que el Secretario General ha confirmado la continuidad de los esfuerzos políticos a través de su enviado personal. Sin embargo, esta realidad no anula el derecho de Marruecos a exigir el fin del proceso actual de la ONU, ni invalida la presencia que ha acumulado la iniciativa de autonomía en las resoluciones internacionales. Queda así claro que la lectura transmitida por «Argelia Ahora» busca, al centrarse en la institución monárquica y el Parlamento, desviar el debate del contenido de los documentos de la ONU hacia una polémica sobre la legitimidad de las instituciones marroquíes.
La respuesta más convincente a este discurso no se basa en el intercambio de acusaciones, sino en atenerse a los textos y a los hechos. Marruecos propone la autonomía bajo su soberanía como base para un arreglo político realista, mientras que Argelia y el Frente Polisario se aferran a una interpretación diferente de la autodeterminación. Entre ambas posturas, los documentos de la ONU y las negociaciones siguen siendo la referencia a partir de la cual deben evaluarse los argumentos. En cuanto a las burlas hacia las instituciones marroquíes, estas no cambiarán el contenido de una resolución internacional ni servirán como sustituto para hacer frente a las transformaciones políticas y jurídicas con argumentos de igual fuerza y claridad.
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