El Consejo de Seguridad de la ONU presenció una transformación geopolítica y jurídica sin precedentes en la trayectoria del conflicto artificial sobre la Sáhara marroquí, tras la decisión de la Federación Rusa de ejercer su derecho de veto (veto) para tumbar un proyecto de resolución redactado por los Estados Unidos en su calidad de "portador de la pluma". El texto estadounidense había obtenido un apoyo abrumador de once miembros de un total de quince en el seno del Consejo, con la abstención de tres países: China, Pakistán y Somalia, antes de chocar con la objeción rusa individual. Este proyecto estadounidense no era meramente un texto técnico rutinario para prorrogar el mandato de la misión de la ONU, sino que se erigió como un documento decisivo destinado a consolidar los logros de la resolución de la ONU núm. 2797, adoptada el 31 de octubre de 2025, y a transicionar el enfoque internacional desde el mero apoyo a las negociaciones hacia la consagración de la iniciativa de autonomía bajo soberanía marroquí como la base única y exclusiva de negociación y la solución más viable sobre el terreno.
El proyecto de resolución estadounidense incluyó cláusulas estratégicas capaces de provocar una ruptura definitiva con las tesis separatistas, ya que estipulaba explícitamente el cambio de la denominación oficial de la misión de la ONU de "Minurso" a "Minuso" (MINUSO), una modificación sustancial que significa la eliminación definitiva y oficial de la palabra y el concepto de "referéndum" del diccionario de las Naciones Unidas y de sus estructuras después de treinta y cinco años desde el establecimiento de la misión en 1991. Asimismo, el proyecto abarcó una reestructuración integral de las misiones de la misión y de su estructura sobre el terreno, exigiendo al Secretario General de la ONU que presentara propuestas prácticas para reducir el elemento militar, reorganizar las ubicaciones de despliegue de la misión y limitar sus tareas a la supervisión del alto el fuego y la retirada de minas. En el plano humanitario y de derechos humanos, el texto estadounidense incluyó una disposición estricta que obliga a realizar un censo exhaustivo y preciso de los retenidos en los campamentos de Tinduf en territorio argelino, bajo la supervisión de las agencias internacionales competentes en un plazo máximo de seis meses, con el fin de controlar el número de beneficiarios de la ayuda humanitaria y reforzar los mecanismos de control internacional sobre la misma para poner fin a las deficiencias y manipulaciones asociadas a su gestión.
En cuanto a los motivos subyacentes detrás de la transición de Moscú desde una postura de abstención en la votación —como hizo con la resolución 2797 el año pasado— hasta esgrimir el arma del "veto" directo, estos están estrechamente vinculados a los cálculos de la polarización internacional y la confrontación geopolítica abierta con Washington en los pasillos de las Naciones Unidas, además de su empeño en secundar a su aliada Argelia, que movilizó su diplomacia para impedir la aprobación de las enmiendas estadounidenses. Rusia justificó su objeción en su rechazo a lo que denominó "determinar de antemano los resultados de la negociación" mediante la imposición de la autonomía como marco único, aferrándose a las fórmulas clásicas superadas que aluden a la "autodeterminación" y rechazando el cambio del nombre de la misión y de sus competencias. En un intento por salvar la existencia de la misión de la "Minurso" y evitar el vacío legal, Moscú se apresuró en las últimas horas a presentar un proyecto de resolución alternativo y competidor que estipulaba la prórroga del mandato de la misión hasta el 31 de octubre de 2027 con su mismo nombre y antiguas funciones, excluyendo la exclusividad de la autonomía; sin embargo, esta maniobra ruso-argelina sufrió un fracaso estrepitoso y doble, ya que la propuesta rusa solo obtuvo tres tristes votos frente a la abstención de once miembros y el voto en contra de los Estados Unidos con un veto cruzado, lo que provocó su aborto inmediato ante su flagrante incapacidad para alcanzar la mayoría legal requerida.
Al examinar las repercusiones de este acontecimiento en el Reino de Marruecos, la legitimidad de la iniciativa de autonomía y la resolución 2797, resulta evidente que el "veto" ruso no restó ni un ápice a los logros históricos de Marruecos, sino que se transformó, gracias a la astucia diplomática y la vigilancia estratégica marroquí, en un logro histórico sin precedentes; y es que el fracaso de ambos proyectos de resolución (el estadounidense y el ruso) con el vencimiento del plazo del mandato de la misión el 31 de octubre de 2026 supuso jurídica y operativamente la expiración de la autorización de la misión de la "Minurso" y la no prórroga de la misma. Asimismo, la no emisión de una nueva resolución mantiene la resolución de la ONU 2797 —que se decantó por la iniciativa de autonomía marroquí— como el último y vigente referente de la ONU, respaldado por un abrumador apoyo internacional que representa a más de dos tercios de los miembros de la Organización de las Naciones Unidas, once miembros del Consejo de Seguridad y tres grandes potencias con derecho a veto (Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña), las cuales renovaron tras la sesión de votación su firme apego a la soberanía de Marruecos y a la iniciativa de autonomía como solución única e incuestionable.
En una lectura detenida de la cuestión de si este "veto" beneficia al frente "Polisario" y a su patrocinador Argelia, los resultados sobre el terreno y políticos revelan que el bando separatista ha caído en una trampa estratégica mortal; lejos de lograr que el veto ruso mantuviera la "Minurso" en su antigua fórmula como planeaba Argelia, esta objeción provocó la anulación de la base jurídica para la existencia de la misión en su conjunto sobre las provincias del sur del Reino. La respuesta soberana marroquí fue tajante e inmediata a través de un comunicado histórico del Gabinete Real, en el que anunció que la no prórroga por parte del Consejo de Seguridad de la misión de la "Minurso" pasa página a un periodo de treinta y cinco años y constituye un paso mayúsculo y decisivo hacia el cierre definitivo del expediente de la Sáhara marroquí y su retirada de los pasillos de las Naciones Unidas, subrayando que la presencia de la misión con sus equipos, vehículos, materiales y símbolos debe concluir en los próximos días, manteniendo el Reino su apego al acuerdo de alto el fuego a condición del respeto absoluto a la integridad y unidad de sus territorios y a su seguridad nacional. Así pues, la apuesta de Argelia y del Polisario por la obstrucción rusa culminó en un aislamiento internacional asfixiante materializado en la incapacidad de su proyecto para cosechar más de tres votos, y en el fin del paraguas de la misión de la ONU que era utilizado para prolongar el conflicto, consagrando así Marruecos su soberanía plena y absoluta sobre su Sáhara como una realidad histórica y sobre el terreno irreversible.
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