Por: Salih Rzouq
Un sector con millones de artesanos y una riqueza nacional que porta la identidad de Marruecos, pero la realidad de miles de artesanos tradicionales sigue dominada por la exclusión, la precariedad y la falta de equidad.
El sufrimiento de los artesanos y artífices tradicionales en Marruecos ya no es una simple queja pasajera, sino que plantea interrogantes reales sobre el futuro de un sector que constituye una parte esencial de la identidad económica, cultural y social del Reino. ¿Cómo es posible que hablemos de valorizar la artesanía y comercializar el producto marroquí a nivel internacional, mientras un gran número de artesanos sigue sufriendo una débil supervisión, la ausencia de protección social, la dificultad de acceso a la financiación y la falta de acompañamiento profesional?
Lo más preocupante es que Marruecos cuenta con la Ley número 50.17 relativa al ejercicio de las actividades de artesanía, pero la mera existencia de textos jurídicos no basta si no se convierten en medidas concretas que protejan al artesano, salvaguarden su dignidad y garanticen sus derechos.
¿Dónde radica la falla?
El problema no está vinculado únicamente a la escasez de recursos, sino que se extiende a la forma de gestionar el sector y al grado de conocimiento que ciertos responsables, elegidos y actores tienen sobre las disposiciones de la ley reguladora. ¿Cómo pueden los organismos regionales defender a los artesanos, supervisarlos y contribuir al desarrollo del sector sin una formación jurídica y profesional continua?
¿Y dónde están los roles de estos organismos en escuchar los problemas de los artesanos tradicionales, dar seguimiento a sus expedientes, defender sus demandas y supervisar las disfunciones que obstaculizan su trayectoria profesional?
Se ha vuelto imperativo pasar de la lógica de reuniones, fotos y protocolos a la lógica del trabajo sobre el terreno, los resultados y la rendición de cuentas. El artesano no necesita promesas ni discursos estacionales, sino una institución que lo represente verdaderamente y le abra las puertas de la formación, la financiación, la cobertura social y la comercialización.
La reestructuración del sector ya no es un lujo, sino una necesidad.
La reforma de la artesanía exige revisar los métodos de gestión, rehabilitar las cámaras y los organismos regionales y provinciales, aclarar las competencias, formar a los responsables y miembros de los órganos en la Ley 50.17, vincular la responsabilidad a los resultados y garantizar una representación real de los artesanos en sus diversas especialidades, lejos de cálculos mezquinos y conflictos organizativos.
Asimismo, los peluqueros, profesionales de la estética, carpinteros, sastres, herreros, pintores y demás artesanos no son meras cifras en las estadísticas, sino ciudadanos que contribuyen a la economía nacional y merecen protección, reconocimiento e igualdad.
Cuestiones que planteamos ante el Ministerio de Turismo, Artesanía y Economía Social y Solidaria, las Cámaras de Artesanía y los órganos regionales y provinciales:
- ¿Quién rinde cuentas a los organismos que no cumplen con sus funciones de defensa de los artesanos?
- ¿Por qué no se organizan cursos de formación regulares sobre la Ley 50.17?
- ¿En qué punto se encuentra el proceso de integración de los artesanos tradicionales en el Registro Nacional?
- ¿Cuál es el destino de los artesanos que trabajan en condiciones precarias y sin la suficiente protección social?
- ¿Cuándo se reestructurará el sector de manera que garantice la gobernanza, la transparencia y la eficacia?
- ¿Y cuándo se convertirá el artesano en un socio en la toma de decisiones y no en un mero beneficiario que espera un gesto de atención?
¡Basta de tratar a la artesanía como un sector estacional que solo aparece en ferias y eventos!
El valor de la artesanía no se mide únicamente por los ingresos que genera o los productos que exhibe en ferias internacionales, sino, ante todo, por el grado de respeto hacia el ser humano que elabora esos productos con sus propias manos y preserva la memoria del oficio marroquí.
La Ley 50.17 debe ser una herramienta de justicia y desarrollo, no un simple texto guardado en los estantes. La verdadera reforma comienza por corregir las disfunciones, rehabilitar las instituciones y devolver la dignidad al artesano.
De este modo, la pregunta que se impone hoy es: si el artesano es el pilar de la artesanía, ¿quién lo protege cuando las instituciones encargadas de representarlo son incapaces de cumplir con su papel?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. ¡Sea el primero en comentar!