La diplomacia rusa ha aplazado la revelación de su postura definitiva respecto al proyecto de resolución sobre la cuestión del Sáhara Marroquí hasta los últimos momentos previos a la sesión de votación prevista en el Consejo de Seguridad de la ONU, subrayando que la definición de su orientación oficial depende de los resultados de las consultas a puerta cerrada que se desarrollan entre los Estados miembros en los pasillos de la sede permanente de las Naciones Unidas en Nueva York.
La portavoz oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, afirmó en su rueda de prensa semanal que Moscú apoya en principio la renovación del mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) para preservar la estabilidad sobre el terreno, si bien matizó que la decisión sobre el voto depende exclusivamente de la fórmula final del texto tras concluir las rondas de negociación. Zajárova reiteró la acogida favorable de su país a los esfuerzos del enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, y a la facilitación de canales de diálogo con la participación de las partes implicadas y los países vecinos, insistiendo a su vez en el cumplimiento de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad y considerando prematuro emitir juicios anticipados sobre las iniciativas de arreglo propuestas a menos que se basen en un consenso negociado y mutuamente aceptable para todas las partes.
Estos acontecimientos coinciden con consultas intensas patrocinadas por Estados Unidos, en su calidad de «portador de pluma» y responsable de la redacción del borrador de la ONU, para afianzar el creciente impulso internacional favorable a la iniciativa marroquí de autonomía, considerada como una base seria y creíble para poner fin al conflicto regional. Los análisis diplomáticos que siguen de cerca los entresijos del Consejo de Seguridad señalan que la postura rusa refleja una política de «neutralidad calculada» mantenida por Moscú en anteriores mandatos; dado que suele decantarse por la abstención en lugar de recurrir al derecho de veto, registrando así sus objeciones de procedimiento sobre la redacción de los textos sin bloquear la prórroga de la misión de la ONU ni chocar directamente con los equilibrios regionales en el norte de África.
Esta expectación diplomática refleja el empeño del Kremlin por equilibrar sus intereses y relaciones bilaterales en la región, en un contexto internacional marcado por una amplia polarización, en el que Moscú busca gestionar los expedientes de paz y seguridad conforme a un enfoque negociado que respete su presencia geopolítica dentro de los órganos de las Naciones Unidas.
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