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Salud y Belleza

Comprender el síndrome de Tourette y los síntomas neurológicos asociados

El síndrome de Tourette es un trastorno del neurodesarrollo que comienza en la infancia y provoca tics motores y vocales. Suele atenuarse en la edad adulta; se usa terapia conductual o fármacos si es necesario.

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El síndrome de Tourette se define médicamente como un trastorno del neurodesarrollo que afecta al cerebro y al sistema nervioso. Se caracteriza por la aparición de movimientos y sonidos involuntarios y repetitivos conocidos como tics. Las publicaciones de grandes instituciones médicas, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Clínica Mayo, señalan que esta afección suele comenzar en la primera infancia, concretamente entre los cinco y los siete años. Persiste durante periodos prolongados, superiores a un año, e incluye dos tipos principales de síntomas: los tics motores y los tics vocales. Estos movimientos y sonidos abarcan desde manifestaciones simples, como el parpadeo constante o el carraspeo, hasta manifestaciones complejas que incluyen múltiples patrones de movimiento o la repetición de palabras y frases. A menudo van precedidos de una sensación o picazón corporal interna, conocida como impulso premonitorio, cuya tensión temporal desaparece en cuanto se manifiesta el tic. Aunque la causa exacta de la afección sigue sin conocerse de forma concluyente, la investigación científica apunta a la existencia de factores genéticos y hereditarios que se transmiten en las familias, así como a posibles desequilibrios en los neurotransmisores cerebrales, como la dopamina y la serotonina, encargados de regular el movimiento y el comportamiento. Cabe señalar que el estereotipo que vincula la enfermedad exclusivamente con la pronunciación de palabras groseras u obscenas es inexacto, ya que este fenómeno, conocido como coprolalia, afecta solo a una proporción relativamente pequeña de los pacientes. Los síntomas suelen alcanzar su punto máximo durante la adolescencia temprana y después mejoran y disminuyen gradualmente en intensidad al llegar a la edad adulta en la mayoría de los afectados. En muchos casos leves, los síntomas no requieren intervención terapéutica si no afectan a la calidad de vida diaria. Cuando es necesario, se utilizan planes de tratamiento que incluyen terapia conductual, como la intervención conductual integral para tics (CBIT), que ayuda a los pacientes a reconocer el impulso y a manejarlo, o la prescripción de ciertos medicamentos destinados a controlar los síntomas graves y a mejorar el desempeño laboral y social.

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